martes, 18 de diciembre de 2018

"Las tres cartas de Teddy", de Elizabeth Silance Ballard. Cuento de Navidad (especial para profesores)

Hoy he leído con mis alumnos de tutoría de 1º de ESO este cuento de Navidad y hemos acabado todos llorando. ¡Qué  importante es compartir emociones!

[ Fuente: Este texto e imagen están tomados de https://elambigudelyoga.wordpress.com/2016/10/05/tres-cartas-de-teddy/]

La maestra de niños y niñas, obra de Morgan Weistling.

Tres cartas de Teddy

Aquella mañana  la señorita Thompson fue consciente de que había mentido a sus alumnos. Les había dicho que ella les quería a todos por igual pero, acto seguido se había fijado en Teddy, sentado en la última fila, y se había dado cuenta de la falsedad de sus palabras.

La señorita Thompson había estado observando a Teddy el curso anterior y se había dado cuenta que no se relacionaba bien con sus compañeros y que tanto su ropa como él parecían necesitar un buen baño. Además el niño acostumbraba a comportarse de manera bastante desagradable con sus profesores. Llego un momento en que la señorita Thompson disfrutaba realmente corrigiendo los deberes de Teddy y llenando su cuaderno de grandes cruces rojas y bajas puntuaciones. Sin duda era lo que merecía por su dejadez y falta de esfuerzo.

En aquel colegio era obligatorio que cada maestro se encargara de revisar los expedientes de los alumnos al inicio de curso, sin embargo la señorita Thompson fue relegando el de Teddy hasta dejarlo para el final. Sin embargo al llegarle su turno, la profesora se encontró con una sorpresa. La profesora de primer curso había anotado en el expediente del chico: “Teddy es un chico brillante, de risa fácil. Hace sus trabajos pulcramente y tiene buenos modales. Es una delicia tenerle en clase.” Tras el desconcierto inicial, la señorita Thompson continúo leyendo las observaciones de los otros maestros. La profesora de segundo había anotado, “Teddy es un alumno excelente y muy apreciado por sus compañeros, pero tiene problemas en seguir el ritmo porque su madre está aquejada de una enfermedad terminal y su vida en casa no debe ser muy fácil.” Por su parte el maestro de tercero había añadido: “La muerte de su madre ha sido un duro golpe para él. Hace lo que puede pero su padre no parece tomar mucho interés, sin no se toman pronto cartas en el asunto, el ambiente de casa acabará afectándole irremediablemente.”. Su profesora de cuarto curso había anotado: “Teddy se muestra encerrado en sí mismo y no tiene interés por la escuela. No tiene demasiados amigos y, a veces, se duerme en clase.”

Avergonzada de sí misma, la señorita Thompson cerró el expediente del muchacho. Días después, por Navidad, aún se sintió peor cuando todos los niños le regalaron algunos detalles envueltos en brillantes papeles de colores. Teddy le llevó un paquete toscamente envuelto en una bolsa de la tienda de comestibles. En su interior había una pulsera a la que faltaban algunas piedras de plástico y una botella de perfume medio vacía. La señorita Thompson había abierto los regalos en presencia de la clase, y todos rieron mientras enseñaba los de Teddy. Sin embargo las risas se acallaron cuando la señorita Thompson decidió ponerse aquella pulsera alabando lo preciosa que le parecía, al tiempo que se ponía unas gotas de perfume en la muñeca. Teddy fue el último en salir aquel día y antes de irse se acercó a la señorita Thompson y le dijo: “Señorita, hoy huele usted como solía oler mi mamá.”

Aquel día la señorita Thompson quedó sola en la clase, llorando, por más de una hora. Aquel día decidió que dejaría de enseñar lectura escritura o cálculo. A partir de ahora se dedicaría a educar niños. Comenzó a prestar especial atención a Teddy y, a medida que iba trabajando con él, la mente del niño parecía volver a la vida. Cuánto más cariño le ofrecía ella, más deprisa aprendía él. Al final del curso, Teddy estaba ya entre los más destacados de la clase. Esos días, la señorita Thompson recordó su “mentira” de principio de curso. No era cierto que los “quisiera a todos por igual”. Teddy se había convertido en uno de sus alumnos preferidos.

Un año después la maestra encontró una nota que Teddy le había dejado por debajo de su puerta. En ella Teddy le decía que había sido la mejor maestra que había tenido nunca.

Pasaron seis años sin noticias de Teddy. La señorita Thompson cambió de colegio y de ciudad, hasta que un día recibió una carta de Teddy. Le escribía para contarle que había  finalizado la enseñanza superior y para decirle que, continuaba siendo la mejor maestra que había tenido en su vida.

Unos años más tarde recibió de nuevo una carta. El niño le contaba como, a pesar de las dificultades había seguido estudiando y que pronto se graduaría en la universidad con excelentes calificaciones. En aquella carta tampoco se había olvidado de recordarle que era la mejor maestra. Cuatro años después, en una nueva carta, Teddy relataba a la señorita Thompson como había decidido seguir estudiando un poco más tras licenciarse. Esta vez la carta la firmaba el doctor Theodore F. Stoddard, para la mejor maestra del mundo.

Aquella misma primavera, la señorita Thompson recibió una carta más. En ella Teddy le informaba del fallecimiento de su padre unos años atrás y de su próxima boda con la mujer de sus sueños. En ella le explicaba que nada le haría más feliz que ella ocupara el lugar de su madre en la ceremonia.

Por supuesto la señorita Thompson aceptó y acudió a la ceremonia con el brazalete de piedras falsas que Teddy le regalará en el colegio y, perfumada con el mismo perfume de su madre. Tras abrazarse, Teddy le susurró al oído: “Gracias, señorita Thompson, por haber creído en mí. Gracias por haberme hecho sentir importante, por haberme demostrado que podía cambiar.”

Visiblemente emocionada, la señorita Thompson le susurró: “Te equivocas, Teddy, fue al revés. Fuiste tú el que me enseñó que yo podía cambiar. Hasta que te conocí, yo no sabía lo que era enseñar.”

Elizabeth Silance Ballard



domingo, 24 de junio de 2018

Un problema para pensar en vacaciones






PROBLEMA

Dado un triángulo y un punto interior P, se pide describir un procedimiento para trazar una recta que, pasando por P, divida la triángulo en dos regiones de igual área.


[De este problema se puede dar una versión más tangible, planteándolo como que se quiere dividir una finca en dos partes iguales mediante una linde que deje un árbol en la linde para que de la misma sombra a las dos partes]


SOLUCIÓN




Cómo dibujar una circunferencia usando la tapa del cuaderno, sin necesidad de compás



En APRENDER Y ENSEÑAR MATEMÁTICAS ya dedicamos una entrada a la demostración de Thales de que los ángulos inscritos en una semicircunferencia son rectos.

Es decir, la circunderencia es el arco capaz de 90º del diámetro.

Usando, pues, la descripción de una circunferencia, de diámetro dado, como el lugar geométrico de los puntos desde los que se ve el diámetro bajo un ángulo recto, basta disponer de una escuadra (el cartón de la tapa del cuaderno, por ejemplo) y apoyar cada uno de los lados del ángulo recto en los dos extremos del diámetro. Al hacerlo de diferentes maneras obtenemos una sucesión de puntos suficientes para trazar la circunferencia que deseamos.


Herramienta para dibujar el arco capaz


Un objetivo para  estas vacaciones es construir una herramienta para dibujar el arco capaz desde el que se ve un un segmento bajo un ángulo dado. La idea la he tomado de Pedro Puig Adam a partir de  las ideas de lo que debe ser un Gabinete de Matemáticas en el libro "El Material didáctico Matemático actual"

Aquí os muestro un primer prototipo, por si alguien se anima.

He creado este vídeo a partir de fotos hechas  con CamScanner en mi móvil. He utilizado una aplicación que crea on-line animaciones GIFT o MP4que se llama MakeaGIFT  https://makeagif.com/




domingo, 13 de mayo de 2018

La distancia euclidea como medida de dispersión



Dando vueltas a la motivación de la definición de las medidas de dipersión se me ha ocurrido esta.

Imaginemos la siguiente situación. Una empresa tiene dos empleados. La empresa tiene que repartir 200 euros de beneficio. Hay distintas maneras de repartir esos 200 euros. Cada reparto posible lo podemos representar como un punto X = (x1, x2), del plano. De modo que todos los puntos X que representan posibles repartos están sobre la recta
x1 + x2 = 200.

La injusticia de cada uno de los repartos se puede medir a través de la distancia euclídea del punto que lo representa al punto que está formado por el reparto perfectamente equitativo que es M = (100, 100).


 PARA LEER EL RESTO MIRA ESTE PDF


martes, 27 de marzo de 2018

Unos libros llenos de perlas matemáticas curiosas e interesantes


Decía Isaac Newton:
"He sido como un niño jugando a la orilla del mar, que se divierte al encontrar de vez en cuando un guijarro más suave que los demás o una concha más bonita, mientras el gran océano de la verdad se extiende sin descubrir ante mis ojos".
Al estudiar matemáticas, todos hemos experimentado la sensación que nos cuenta Newton:. Hay ocasiones en las que descubrimos una perla especialmente hermosa, que nos llama la atención, que nos ilumina, nos descubre nuevas ideas, y nos abre caminos.

Hay algunos libritos que nos ayudan a descubrir esas perlas. Ya hemos hablado en otra entrada de uno de mis favoritos "Aventuras Matemáticas" de Miguel de Guzmán.

Hoy os traigo aquí tres libritos en inglés que podemos disponer on-line. Son unosmateriales encantadores, que van directamente al grano. Están escritos por el matemático y ajedrecista David Wells. Se publicaron en los años 90 en una colección  de diccionarios de la editorial Pinguin,










Otro libro que formula preguntas, que despiertan la curiosidad por las matemáticas es